¡Habemus Papam! El Papa Francisco

Ciudad del Vaticano (Miércoles, 13-03-2013, Gaudium Press) Con el nombre de Francisco, el Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio ha sido escogido por el Colegio de electores como el sucesor de Benedicto XVI.

En un gesto de digna humildad, el nuevo Papa ha pedido a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro, antes de dar la bendición protocolar, que ellos imploren la bendición del cielo para él. Luego sí, según el ritual solemne, leído en latín, dio la bendición a los presentes en la Plaza de San Pedro y al mundo. Después ha retirado su estola pontifical y con serenidad y rostro de bondad recibío las aclamaciones y los saludos del pueblo.

“Mañana voy a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma, buenas noches y buen reposo” ha dicho el Papa Francisco despidiéndose de la multitud.

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Cardenal Rodé: Los Heraldos del Evangelio son una de las manifestaciones de la vitalidad de la Iglesia en América Latina

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Roma (Viernes, 30-11-2012, Gaudium Press) Certeza, alegría y belleza son algunas notas del carisma que distingue a los Heraldos del Evangelio, observó el miércoles pasado el Cardenal Franc Rodé -prefecto emérito de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica- en la presentación de los dos primeros volúmenes de la serie “Lo inédito sobre los Evangelios”, la obra más reciente de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, Fundador de esta Asociación.

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Iglesia Madre de los Heraldos del Evangelio es elevada por el Papa a Basílica menor

Ceremonia del día de la erección como Basílica

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La esclavitud a la Virgen como suprema libertad

Nuestra Señora de las Gracias

La forma suprema de la libertad consiste en aceptar la autoridad de aquellos que nos ayudan a practicar la verdad y el bien, o sea, a hacer aquello que de hecho queremos. No hay, por tanto, forma más cristalina y más sublime de libertad que ser esclavos de Nuestra Señora. Es el auge de la dignidad humana, porque es hacer, en todo, aquello para donde nuestras mejores apetencias caminan.
¿Cuál es la consecuencia de eso para nosotros, cuando nos consagramos a Nuestra Señora? Es llevar un espíritu amoroso de autoridad, esto es, comprendiendo la función de la autoridad, comprendiendo la función de la obediencia y comprendiendo que, haciéndonos tan pequeños delante de Ella, hacemos una cosa sublime, una cosa altamente dignificante. No debemos nunca avergonzarnos de obedecer, de seguir a otro, porque exactamente ahí está la más alta dignidad del hombre.
En este punto de nuestra argumentación, alguien podría preguntar: “Esta doctrina de esclavitud de amor a la Virgen María es linda! ¿Pero cuál sería su utilidad práctica? ¿Y qué relación tendría con la tesis de nuestra pesquisa?”

Dolci Madonna
Es San Luis María Grignion de Montfort quien responderá a estas dos preguntas. El capítulo V de su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen tiene como título: Esta devoción conduce a la unión con Nuestro Señor.
En seguida, explica el santo: “Esta devoción es un camino fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a la unión con Nuestro Señor, y en esto consiste la perfección cristiana.”. Él hace una larga demostración de esta tesis en su Tratado.
Por tanto, conforme enseña San Luis de Montfort, la perfección cristiana consiste en la unión con Nuestro Señor, y la esclavitud de amor a la Virgen María, enseñada por él, es un camino fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a esta unión.
En resumen, la doctrina del santo consiste en la consagración de sí mismo a Jesús de las manos de María. “Así será un fiel y amoroso esclavo de Jesús y María quien, de las manos de María Santísima, se entregue enteramente al servicio de este Rey de reyes, y que no reserva nada para sí”.
En vista de eso, una gran difusión de esta forma de devoción a la Santísima Virgen sería un fuerte instrumento para conducir a los hombres a la vida eucarística, trayendo así de vuelta al redil de Cristo a las ovejas descarriadas.

Por el Dr. José Mário da Costa

(Martes, 24-05-2011, Gaudium Press)

Virgen de Fátima

La prueba de la existencia de Dios por las cinco vías de Santo Tomás de Aquino

Redacción (Jueves, 31-03-2011, Gaudium Press) Al observar el curso de la historia vemos que no faltó quien negase la real existencia de Dios. Podríamos justificar ese hecho, diciendo que tales personas no fueron dotadas con el don de la fe. Pues a primera vista parece que el conocimiento de Dios es fruto de este don.

Entretanto, Santo Tomás de Aquino hace la demostración de pruebas meramente naturales acerca de la existencia de Dios. La propia razón humana es capaz de llegar a la idea de la existencia del Creador. Por eso, no admitir la existencia de Dios no es racional, como tampoco lo es apoyarse en un vago y convencional dogma de negación.

La doctrina de la Iglesia sobre la existencia de Dios se basa en la Revelación; sin embargo la simple filosofía humana es capaz de vislumbrar a Dios, así como algunos de sus atributos. Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Historia de la Iglesia, tuvo el mérito de reunir y explicar estos conceptos sobre la existencia de Dios[1].

Este santo, conocido como Doctor Angélico, distingue cinco caminos por los cuales nuestra inteligencia puede admitir la existencia de Dios. El plan de las cinco vías es altamente claro, simple y didáctico.

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La gloria y el dolor

Publicado 2010/05/21

Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad

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Chartres por Stevecadman

Redacción (Viernes, 21-05-2010, Gaudium Press) ¿Quién no se encanta al visitar o conocer las maravillosas riquezas de la Santa Iglesia? A algunos, tocará de manera toda especial la imponencia de sus construcciones, que reflejando el alma de los que las idealizaron, parecen invitar a quienes las contemplan a elevarse con sus torres, que a veces parecen tocar el cielo. Otros se entusiasmarán con los interiores de las catedrales, con sus paredes pintadas por los rayos de sol que, atravesando los vitrales, forman una armonía encantadora de luces y colores. Para otros todavía, estará impresa en el alma, el recuerdo de alguna gran y solemne celebración en una idea de conjunto formada por la belleza del templo, la solemnidad de la liturgia, el perfume del incienso y los acordes del órgano que les hicieron vivir algunos instantes que parecieron más celestiales que terrenales.

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Por Joe Shlabotnik

Alguien podría levantar el siguiente problema: “¿Es indiscutible que todo esto es muy bonito; sin embargo… ¿por qué tanta grandeza y de dónde viene toda esta majestad, toda esta gloria manifestada por la Iglesia?”

En su infinita sabiduría, Dios colocó en la creación ciertas cosas que parecerían muy contradictorias a primera vista, pero en realidad constituyen una perfecta armonía, cosas que se complementan. Por ejemplo, cuando Nuestro Señor nos invita a ser simples como las palomas, y entretanto, astutos como las serpientes (Cf. Mt 10, 16).

Así, Dios da a su Iglesia días de una gloria admirable. No obstante, esta gloria nace de otro lado muchas veces oculto a los ojos de muchos, que es el dolor.

Pensemos en los primeros siglos de fundación de la Iglesia, donde solo por el hecho de ser cristianos, millares de hombres, mujeres y niños suportaban terribles y atroces torturas que culminaban con la muerte, por amor al Santísimo nombre de Jesús y de su Santa Iglesia.

Pensemos en los sufrimientos de los Papas a lo largo de la historia que, recibiendo la misión de dirigir al rebaño de Cristo en medio de persecuciones, divisiones, y tantas formas de peligros por las cuales pasó la Iglesia, hicieron de su deber, un altar donde ellos mismos inmolaron sus propias vidas al servicio de Dios y del prójimo.

Pensemos en los religiosos y religiosas de todas las épocas, cada uno teniendo que enfrentar las más duras pruebas interiores características a este género de vida, y que sufriendo todo en el silencio de su recogimiento, sobre ellos se inclinaban los propios ángeles y atraían las bendiciones de Dios.

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Por Jimcintosh

Y así, si recorriéramos toda la historia de la Santa Iglesia, desde su nacimiento hasta los días de hoy, nos encantaríamos con páginas de glorias inmortales vividas por ella, entretanto, cuántas páginas de dolor y sufrimiento… Querido lector, ¿esta no parece también un poco su historia? Es verdad que tenemos en nuestras vidas momentos de grandes alegrías, pero, cuántas aflicciones, dudas y dificultades. Delante de cada sufrimiento que nos deparamos a lo largo de nuestra vida, sepamos ver al final, la gloria que nos está reservada por Dios en el Cielo, si sabemos con serenidad, paciencia y confianza, llevar la cruz de todos los días.

Y al contemplar las grandezas y esplendores de la Santa Iglesia, aprendamos a mirar en el fondo la raíz de esta gloria que nació principalmente de la Sangre Preciosísima de Nuestro Señor Jesucristo, de las lágrimas de María Santísima, y también del dolor y el sufrimiento de un número incontable de almas generosas que supieron atender a la invitación de Nuestro Señor: “Quien quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8, 34).

Por Anderson Fernandes

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Torre de Marfil

Turris eburnea – Torre de Marfil

Publicado 2010/06/18
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad

Bogotá (Viernes, 18-06-2010, Gaudium Press) Después del Diluvio, los descendientes de Noé decidieron hacer una gran torre, tan grande como nunca se había visto, una torre que tocara el Cielo. Pero no con el propósito de crear un monumento para dar gloria a Dios, sino con la orgullosa intención de ser famosos y reconocidos por todo el mundo por la magnitud de esta vasta edificación . Por esta razón, narra la Escritura, Dios mismo castigó su orgullo, confundiendo sus lenguas.

Pero la idea de una torre que uniera el Cielo con la tierra, Dios quiso tornarla realidad de una manera muy diferente y con el único propósito de atraer a los hombres hacia Él para comunicarles más fácilmente su Divino Amor: Esa torre se llama María.

Torre.jpgSi consideramos a la Santa Iglesia como el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo y al propio Cristo como la cabeza del mismo, fácilmente podremos nombrar a la Santísima Virgen como el cuello de este Cuerpo, y podremos de igual manera elogiarla como el esposo elogia a su esposa en el libro del Cantar de los Cantares, tu cuello es como una Torre de Marfil , que une a Cristo con su Iglesia.

Decía el Papa Juan Pablo II que María es el camino más corto y más seguro para llegar hasta Dios y tomando estas palabras se puede decir que María adquiere esa figura del cuello en el cuerpo humano, pues si Cristo es la cabeza de la Iglesia y la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, bien podemos concluir el papel que le toca a María en esta conjunción entre Dios y su Iglesia, entre el Cielo y la tierra, entre la humanidad pecadora y la Divinidad, tanto más porque Ella es la creatura más perfecta y más cercana a Dios en todo el orden de la creación (excluyendo obviamente a nuestro Señor Jesucristo al ser verdaderamente hombre y a la vez verdaderamente Dios).

En tiempos de paz, maravilla el contemplar a tan excelsa Torre ornada con tan grandes dones dados por Dios, puesto que Él no se escogió como madre a una simple mujer, sino a una Virgen en la cual no existió mancha alguna de pecado; a una Reina, Señora de todo el universo; a la bendita entre todas las mujeres. Su Alba Pureza e Inmaculada Concepción representadas en el marfil, pueden contarse como uno de estos altísimos dones con que Dios decidió honrar a su Madre Santísima.

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Torre de Belén, Portugal Foto: Bernt Rostad

En tiempos de guerra, sin dejar su belleza, pasa a la ofensiva defendiendo de los enemigos a todos los que en ella se refugian. A los pies de tan valiente Torre se realiza la más grande e importante batalla que la Humanidad ha visto jamás, entre los hijos de la Luz y los hijos de las tinieblas, entre la descendencia de la Virgen y la descendencia de la Serpiente, cuya enemistad sentenció Dios en el libro del Génesis, diciéndole a la Serpiente después de maldecirla, pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la de ella, ella te aplastará la cabeza mientras tú te abalanzas sobre su talón .

Dice el Santo Job, la vida del hombre en la tierra es un continuo estado de guerra , y en ella debemos luchar para no perecer bajo las fuerzas del mal. ¿Cómo protegernos en ella? ¡Vayamos a la Torre de Marfil! ¿Quién se nos unirá para destruir a un adversario tan poderoso? ¡Pues Aquella de quien dicen que es más terrible que un ejército en orden de batalla ! Y si no tenemos armas, ¿A quién acudiremos? Corramos hacia la Torre de Marfil, pues ¡Mil escudos están suspendidos en ella y toda armadura de los valientes guerreros !

¡Aunque la Santa Iglesia Católica sea atacada por todos lados y de todas maneras, no será abalada en su infalibilidad y pureza porque tiene como bastión contra el enemigo a María Santísima!

Por Guillermo Torres Bauer

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