La Santa Misa, fuente de santidad sacerdotal

Sacerdote celebrando Misa

Transcribimos consideraciones sobre la Santa Misa y la santidad del sacerdote elaboradas por Monseñor Juan S. Clá Dias, EP, en la Revista LUMEN VERITATIS, número 8:

“Si conociésemos el valor de la Misa, moriríamos. Para celebrarla dignamente, el sacerdote debería ser santo. Cuando estemos en el Cielo, entonces veremos lo que es la Misa, y como tantas veces la celebramos sin la debida reverencia, adoración, recogimiento”. [1]

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Adquiera yá el nuevo libro de Monseñor Juan Clá Dias!

La Librería Editrice Vaticana y los Heraldos del Evangelio tienen el agrado de presentar el libro: “Lo Inédito sobre los Evangelios”, de Mons. Juan Clá Dias, E.P.

Volumen 5: Año C – Domingos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua – Solemnidades del Señor del Tiempo Ordinario; 448 páginas bellamente ilustradas.

Volumen 6: Año C – Domingos del Tiempo Ordinario, 496 páginas bellamente ilustradas.

¡¡Promoción excepcional de lanzamiento hasta el 20 de febrero!!

Valor del juego de dos volúmenes edición de lujo (tapa dura): $360

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A partir del 20 de febrero costarán: $500 y $436

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¡Y la luz se hizo! Tesoros de la Santa Iglesia

En aquellos años, París vivía en su apogeo. Era mediados del siglo XIII y todo parecía confluir hacia un auge cultural y espiritual. Los fieles acudían a oír la vigorosa predicación de los frailes de las órdenes mendicantes, dominicos y franciscanos; los estudiantes de Teología admiraban la doctrina enseñada por Santo Tomás de Aquino; la sociedad civil asistía el despuntar del gran rey Luis IX, ornado no sólo con las insignias regias, sino sobre todo con la corona de la santidad.

La bendición de Dios parecía impregnar los corazones. En la “Ciudad de la Luz”, la naturaleza se armonizaba con la sociedad. Los campos y las montañas en el horizonte eran interrumpidos únicamente por torreones de castillos y fortificaciones. En la Île de la Cité, en el corazón de la villa, dos maravillas de la construcción gótica destacaban: la Sainte Chapelle y la catedral de Notre Dame, centro geográfico y eje de la vida espiritual de París.

Sin embargo, no todos se guiaban por la catedral…

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Consigalo yá!! Lo inédito sobre los evangelios

Prefacio del Cardenal Franc Rodé. CM

 Una colección que le permitirá acompañar a Nuestro Señor Jesucristo a lo largo de todos los domingos del Año Litúrgico junto al fundador de los Heraldos del Evangelio.

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Conozca de cerca la Basílica de Nuestra Señora del Rosario – Álbum de Fotos

El seminario de los Heraldos del Evangelio se encuentra en un lugar privilegiado, en medio de la abundante vegetación tropical brasileña, en la parte alta de la Sierra de la Cantareira, en San Pablo. El nombre de esos montes evoca un bello simbolismo: en idos tiempos, las propiedades del norte de la entonces pequeña ciudad de San Pablo se abastecían de los manantiales de agua pura que en ellos brotan.

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Lumen Veritatis – Los Misterios de la Fé

El Superior General de los Heraldos del Evangelio, Monseñor Juan Clá Dias, habla sobre los misterios de la Fé.

La Castidad de la inteligencia: precioso fruto de la plena donación de nuestra inteligencia a Dios

Nuestra Señora Reina de la SabiduríaNuestra Señora Reina de la Sabiduría


Redacción (Miércoles, 16-11-2011, Gaudium Press) La virtud de la Fe nos facilita penetrar más allá de los umbrales de nuestra pobre naturaleza, y tomar consciencia de las profundidades de los vínculos que unen el universo a Dios. El Creador lo transciende infinitamente y, por tanto, no hay menor confusión entre Él y la creación. Sin embargo, es Dios quien mantiene a las criaturas en el ser, como también a cada uno de sus elementos constitutivos, e incluso, es la causa eficiente de la santidad que pueda existir en cada una de ellas. De ahí que nos es necesario el apoyo de las Sagradas Letras para mejorar en nosotros el sentido de Dios. En ellas encontraremos las verdades claramente expuestas con extremo fervor por Cristo Jesús, sobre la vida íntima de Dios, los atributos del Padre y el Espíritu Santo, etc.
Así, la presencia de Dios y la propia acción divina, tanto la permanente como la actual, sobre todas las criaturas, serán discernidas -aunque muchas veces en medio de una cierta penumbra- por una Fe robusta y viva. Y esto consistirá, de cierto modo, en alguna participación en el conocimiento que Dios posee sobre Sí mismo y sobre el universo. Será la más elevada vida intelectual, en la cual la intensidad de esa virtud teologal determinará mayor o menor penetración (y dominio) de ésta, en aquella.
La Fe, por tanto, no constituye un estorbo para la cultura como erróneamente podría parecer a espíritus prevenidos. Muy al contrario, determinación, certeza y sustancia son conferidas a la inteligencia que en ella se fundamenta. Ella diviniza las cualidades humanas, y jamás las perjudica. Y nuestra inteligencia, así divinizada, pasa a comprender todo bajo el prisma de Dios. Ahí estará alojada la castidad de nuestra inteligencia que consistirá en una íntegra lealtad de cara a las realidades objetivas y del propio Dios, todo analizado con una esplendorosa claridad debido a una mayor o menor participación en el conocimiento increado. Ella es un precioso fruto de la plena donación de nuestra inteligencia a Dios, fruto, a su vez, de la iniciativa de Él en escogernos y de nosotros tomar posesión: “No fuisteis vos que me escogisteis sino, fui yo que os escogí” (Jn 15, 16).

Por Mons. João S. Clá Dias, EP
Fundador de los Heraldos del Evangelio