De visita a la carpintería y taller de vitrales de los Heraldos

En San Pablo, Brasil, cerca del seminario mayor de los Heraldos del Evangelio se encuentra un taller de artesanías en madera y producción de vitrales, que servirán para adornar las iglesias y casas, que los heraldos gracias a Dios están construyendo en diferentes lugares de Brasil y el mundo.

Es una bendición de Dios que todavía haya personas en el mundo que se dediquen a esta excelente labor, pues como dijo el Papa Benedícto XVI en su discurso a un grupo de artistas en el 2009:  ”La belleza golpea, pero por ello mueve al hombre hacia su destino último, lo pone en marcha, lo llena de nueva esperanza, le dona la valentía de vivir hasta el final el don único de la existencia”, claro está de la exigencia cuyo fin último es amar a Dios, que es la Belleza absoluta, de quien todas las bellezas de esta tierra no son más que un pálido reflejo.

En la siguiente galería podrán ver imágenes de la visita de un grupo de chicos al taller donde les fue mostrado un poco del largo pero valeroso proceso de armado de vitrales y algunos resultados finales que ya adornan algunas capillas y construcciones de los Heraldos.

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Benedicto XVI: No tener miedo de ir “contra la corriente”

Redacción (Miércoles, 27-02-2013, Gaudium Press) Publicamos hoy extractos de las palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General del día 23 de enero de 2013. El comentaba las palabras iniciales de el Credo. He aquí lo que dijo el Papa:

En este Año de la fe quisiera comenzar hoy a reflexionar con vosotros sobre el Credo, es decir, sobre la solemne profesión de fe que acompaña nuestra vida de creyentes. El Credo comienza así: «Creo en Dios».” […]

Y es precisamente sobre Abrahán en quien quisiera detenerme y detener nuestra atención, porque él es la primera gran figura de referencia para hablar de fe en Dios: Abrahán el gran patriarca, modelo ejemplar, padre de todos los creyentes (cf. Rm 4, 11-12).

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Adquiera yá el nuevo libro de Monseñor Juan Clá Dias!

La Librería Editrice Vaticana y los Heraldos del Evangelio tienen el agrado de presentar el libro: “Lo Inédito sobre los Evangelios”, de Mons. Juan Clá Dias, E.P.

Volumen 5: Año C – Domingos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua – Solemnidades del Señor del Tiempo Ordinario; 448 páginas bellamente ilustradas.

Volumen 6: Año C – Domingos del Tiempo Ordinario, 496 páginas bellamente ilustradas.

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Redescubrir el derecho natural – S.S. Benedicto XVI

S.S. Benedicto XVI

El siguiente texto es tomado del Discurso de Benedicto XVI al Parlamento Alemán en 22-IX-2011, publicado en la agencia Zenit.

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Conozca de cerca la Basílica de Nuestra Señora del Rosario – Álbum de Fotos

El seminario de los Heraldos del Evangelio se encuentra en un lugar privilegiado, en medio de la abundante vegetación tropical brasileña, en la parte alta de la Sierra de la Cantareira, en San Pablo. El nombre de esos montes evoca un bello simbolismo: en idos tiempos, las propiedades del norte de la entonces pequeña ciudad de San Pablo se abastecían de los manantiales de agua pura que en ellos brotan.

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Iglesia Madre de los Heraldos del Evangelio es elevada por el Papa a Basílica menor

Ceremonia del día de la erección como Basílica

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Ordenación Sacerdotal de 14 Diáconos de los Heraldos

El día 19 de marzo, solemnidad de San José, 14 diáconos de la Sociedad Clerical de Vida Apostólica de Derecho Pontifico Virgo Flos Carmeli, fueron ordenados sacerdotes por las manos de Don Benito Beni dos Santos, Obispo Diocesano de Lorena, San Pablo.
Dentro de los nuevos sacerdotes se encuentra un heraldo argentino, el Padre Claudio Daniel Bareiro.

Heraldos del Evangelio - Argentina - Ordenación Sacerdotal del 19 de marzo

Heraldos del Evangelio - Argentina - Ordenación Sacerdotal del 19 de marzo

Heraldos del Evangelio - Argentina - Ordenación Sacerdotal del 19 de marzo

Heraldos del Evangelio - Argentina - Ordenación Sacerdotal del 19 de marzo

La alegría de tener un superior

Dios creó el mundo donde los seres, a pesar de poseer una igualdad básica, son profundamente desiguales, unidos y armonizados en una perfecta jerarquía. El universo así ordenado hace resplandecer la belleza de Dios.

¡Cómo sería tétrico depararnos con el cadáver de alguien que hubiese cortado su propia cabeza, alegando demasiada opresión de ésta sobre el resto del cuerpo! Peor todavía, si la decapitación fuese obra no de la propia persona, sino de otro. En ese caso, el acto no sería solo tétrico, sino digno de compasión y de odio. Compasión por la desgracia que se abatiera sobre aquella víctima, odio contra los autores de esta tremenda injusticia.
Pero alguien podría objetar: ¿injusticia? ¿No es injusto el modo como la cabeza se aprovecha del cuerpo? ¿Tiene la cabeza el derecho de chupar las energías, beneficiarse de los alimentos trabajados por el aparato digestivo, usar los miembros para poner en ejecución sus planes y pensamientos? ¿Todo eso no es una explotación de los miembros inferiores? ¿No es una vergüenza para los demás miembros y partes del cuerpo estar más abajo y tener constantemente sobre sí a la cabeza?
Estas preguntas absurdas, que parecerían brotadas de una mente insana, surgieron en la mente y en los labios de hombres que se decían adoradores de la razón y contagiaron a una nación, no apenas en el ámbito individual, sino en el cuerpo de toda una sociedad. “La Revolución Francesa fue el triunfo del igualitarismo en dos campos. En el campo religioso, bajo la forma de ateísmo, artificiosamente rotulado de laicismo. Y en la esfera política, por la falsa máxima de que toda desigualdad es una injusticia, toda autoridad un peligro, y la libertad el bien supremo” [1].
Agitada por tales ideas revolucionarias, Francia vio a sus soberanos decapitados, sus nobles y su clero masacrados. Mientras en nombre del pueblo se practicaban estas barbaridades, el verdadero pueblo, en el oeste del país, daba su vida en defensa de su Dios y su Rey.


¿En defensa de Dios? ¿Pero el ataque no era contra los nobles, ricos y opresores? Basta analizar los hechos históricos y las doctrinas revolucionarias para concluir que el odio de los revolucionarios era en el fondo contra Dios.
Las autoridades, tan ferozmente atacadas, no son sino un reflejo del Altísimo y representantes de Él en la Tierra. “Toda autoridad existente en la tierra es significado de Dios. […] No se trata de la persona del rey, que puede ser un crápula, sino la autoridad del rey – los atributos, la misión, el poder, el cargo regios – es un fulgor de Dios” [2].
Agradó al Señor crear un mundo donde los seres, a pesar de poseer una igualdad elementar, son profundamente desiguales, unidos y armonizados por la más perfecta jerarquía. El universo así ordenado hace resplandecer la belleza de Dios. Los superiores son completados por los inferiores y viceversa. La misión del superior no es de ser un opresor en relación al inferior, sino su padre y protector; en cuanto al inferior, no debe ser un contestatario, que se rebela contra el que está arriba, sino es aquel que encuentra toda su alegría en poder servir. Esta es, de hecho, la mayor alegría que un hombre puede tener en esta Tierra, la de tener un superior a quien servir. Y este gaudio es accesible a todos los hombres, puesto que el más ilustre de los Papas o de los Reyes está
infinitamente abajo de Dios y le debe toda veneración y obediencia, habiendo recibido de Él la autoridad.


Por María Teresa Ribeiro Matos

Redacción (Jueves, 26-01-2012, Gaudium Press)

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1CORREA DE OLIVEIRA, Plinio. Revolução e Contra-Revolução. 5 ed. São Paulo: 2002. p. 15.
2CORREA DE OLIVEIRA, Plinio. As realidades visíveis sinais de ralidades invisíveis. In: Dr. Plinio.São Paulo: Retornarei, n. 49, abr.2002. p. 20-25.


La música en la Educación y su papel en la formación intelectual en el Seminario Santo Tomás de Aquino, de los Heraldos del Evangelio

Redacción (Miércoles 13-04-2011, Gaudium Press) Casi tan antigua como el mundo, el arte musical siempre coloreó con su armonía la vida cotidiana de los hombres. Consciente del poder de la música, también la liturgia católica absorbió e inspiró conmovedoras armonías, las cuales llenan de consuelo y fervor las almas de los fieles como las elegantes notas musicales llenan los pentagramas.
Ya el Doctor de la Gracia, el gran San Agustín, testimonió el relevante papel que tuvo la música sacra en su vida espiritual -sobre todo por ocasión de las ceremonias litúrgicas presididas por San Ambrosio-, las cuales lo ayudaron a encontrar el camino de la Verdad: “¡Cuánto lloré oyendo vuestros himnos, vuestros cánticos, los acentos suaves que resonaban en vuestra Iglesia! ¡Qué emoción me causaban! Fluían en mi oído, destilando la verdad en mi corazón. Un gran impulso de piedad me elevaba, las lágrimas me corrían por el rostro, y me sentía plenamente feliz”.[1]

Música: Sicut Cervus | G.P. da Palestrina

Coro del Seminario Menor de los Heraldos del Evangelio

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El Papa, sol de la Iglesia

San Pedro

En cierta ocasión, vi en el jardín de un palacio un reloj de sol. Me pareció muy curioso. Me aproximé para analizarlo y comprobé que marcaba la hora correcta: nueve y media. Entre los variados y utilísimos beneficios que nos proporciona la luz del astro rey, hay uno al que muchos no le dan la debida importancia, y sin embargo es indispensable: señalar con exactitud la hora exacta para toda la humanidad.

Hubo un tiempo en que los hombres se orientaban durante el día con el sol y a la noche con las estrellas. De otro modo, ¿cómo podrían saber si eran las nueve de la mañana o las tres de la tarde? Cabe imaginar las diferencias de opinión que resultarían de ello, porque cada cual querría adaptar el horario a su propia conveniencia…

Así, para presidir el tiempo, Dios creó el curso solar, que sigue con puntualidad inmutable las leyes establecidas por el Supremo Artífice.

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