Estimado lector queremos invitarle a celebrar con nosotros este 13 de mayo, el 94 aniversario de las apariciones de la Virgen en Fátima, Portugal.
Será realizada una ceremonia en la Iglesia Corpus Christi de las Hermanas Carmelitas Descalzas , que se encuentra en la calle Amenábar 450, en Colegiales, CABA.
Rezo del Santo Rosario, con velas : 19:00 horas.
Coronación Solemne de la Imagen Peregrina de Fátima y Santa Eucaristía : 19:30 horas.
Participa el Coro y la Banda de los Heraldos del Evangelio
La Misa será tembién en acción de gracias por la beatificación del Papa Juan Pablo II
El pasado 14 de abril, visitamos con la imagen peregrina de la Virgen de Fátima el Centro de Rehabilitación San Juan de Dios, en Hurlingham, Gran Buenos Aires, invitados por el superior de la comunidad, el Hno. Juan Carlos Haedo O.H.
Se rezó el Santo Rosario acompañado de música interpretada por los Heraldos.
Fue una enorme gracia para todos llevar el consuelo de María Santísima a esas personas que tanto sufren, y ver en ellos una imagen de Jesús Crucificado.
Redacción (Jueves, 31-03-2011, Gaudium Press) Al observar el curso de la historia vemos que no faltó quien negase la real existencia de Dios. Podríamos justificar ese hecho, diciendo que tales personas no fueron dotadas con el don de la fe. Pues a primera vista parece que el conocimiento de Dios es fruto de este don.
Entretanto, Santo Tomás de Aquino hace la demostración de pruebas meramente naturales acerca de la existencia de Dios. La propia razón humana es capaz de llegar a la idea de la existencia del Creador. Por eso, no admitir la existencia de Dios no es racional, como tampoco lo es apoyarse en un vago y convencional dogma de negación.
La doctrina de la Iglesia sobre la existencia de Dios se basa en la Revelación; sin embargo la simple filosofía humana es capaz de vislumbrar a Dios, así como algunos de sus atributos. Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Historia de la Iglesia, tuvo el mérito de reunir y explicar estos conceptos sobre la existencia de Dios[1].
Este santo, conocido como Doctor Angélico, distingue cinco caminos por los cuales nuestra inteligencia puede admitir la existencia de Dios. El plan de las cinco vías es altamente claro, simple y didáctico.
Por motivo de las fiestas patronales de la Parroquia Tránsito de San José, de los Siervos de la Caridad, en Capital Federal, se consagraron a San José aproximadamente unos 70 chicos del colegio de la misma parroquia.
En una ceremonia muy bonita y concurrida, el P. Jorge Alberto S.dC., superior de la comunidad, de forma muy didactica explicó a los niños la importancia de la consagración que iban a realizar al santo patrono de la Iglesia Universal.
Los Heraldos del Evangelio tuvimos la oportunidad de solemnizar esta actividad, tocando músicas durante la ceremonia y realizando una demostración de tambores en honor a San José, la cual llamó mucho la atención principalmente de los más pequeños.
Fue una ceremonia muy piadosa en la cual se mostró la grandeza del carisma guanelliano, cuyo fundador, el Beato Luis Guanella, por gracia de Dios, será canonizado en octubre próximo.
El Papa Benedicto XVI celebró una misa el sábado 5 de febrero, en la cual fueron sagrados obispos, los exelentísimos, Mons. Savio Hon Tai-Fai, Mons. Marcello Bartolucci, Mons. Celso Morga Iruzubieta, Mons. Antonio Guido Filipazzi y Mons. Edgar Peña Parra.
Esta ceremonia fue diaconada por dos heraldos del evengelio del seminario Santo Tomás de Aquino, Brasil, los cuales aparecen en la fotografía de arriba.
Para seguir respirando el espíritu de la navidad queremos presentar algunas músicas de Navidad comentadas por Mons. João S. Clá Dias, fundador de los heraldos, e interpretadas por el Coro y Banda Internacional de los Heraldos del Evangelio.
Música 1: What Child is this?, Autor: William Chatterton Dix (1837-1898),
Origen: Inglaterra.
Música 2: Dies santificatus, Autor: Giovani Pierluigi da Palestrina (1525-1594),
la Imagen Peregrina de la Virgen de Fátima inició la Semana con María en la Parroquia Santa Julia. La imagen fue recibida este viernes 8 de octubre, por el Párroco Mons. Antonio Aloisio y por el cuerpo estudiantil del Colegio Mons. Sabelli.
Redacción (Viernes, 21-05-2010, Gaudium Press) ¿Quién no se encanta al visitar o conocer las maravillosas riquezas de la Santa Iglesia? A algunos, tocará de manera toda especial la imponencia de sus construcciones, que reflejando el alma de los que las idealizaron, parecen invitar a quienes las contemplan a elevarse con sus torres, que a veces parecen tocar el cielo. Otros se entusiasmarán con los interiores de las catedrales, con sus paredes pintadas por los rayos de sol que, atravesando los vitrales, forman una armonía encantadora de luces y colores. Para otros todavía, estará impresa en el alma, el recuerdo de alguna gran y solemne celebración en una idea de conjunto formada por la belleza del templo, la solemnidad de la liturgia, el perfume del incienso y los acordes del órgano que les hicieron vivir algunos instantes que parecieron más celestiales que terrenales.
Por Joe Shlabotnik
Alguien podría levantar el siguiente problema: “¿Es indiscutible que todo esto es muy bonito; sin embargo… ¿por qué tanta grandeza y de dónde viene toda esta majestad, toda esta gloria manifestada por la Iglesia?”
En su infinita sabiduría, Dios colocó en la creación ciertas cosas que parecerían muy contradictorias a primera vista, pero en realidad constituyen una perfecta armonía, cosas que se complementan. Por ejemplo, cuando Nuestro Señor nos invita a ser simples como las palomas, y entretanto, astutos como las serpientes (Cf. Mt 10, 16).
Así, Dios da a su Iglesia días de una gloria admirable. No obstante, esta gloria nace de otro lado muchas veces oculto a los ojos de muchos, que es el dolor.
Pensemos en los primeros siglos de fundación de la Iglesia, donde solo por el hecho de ser cristianos, millares de hombres, mujeres y niños suportaban terribles y atroces torturas que culminaban con la muerte, por amor al Santísimo nombre de Jesús y de su Santa Iglesia.
Pensemos en los sufrimientos de los Papas a lo largo de la historia que, recibiendo la misión de dirigir al rebaño de Cristo en medio de persecuciones, divisiones, y tantas formas de peligros por las cuales pasó la Iglesia, hicieron de su deber, un altar donde ellos mismos inmolaron sus propias vidas al servicio de Dios y del prójimo.
Pensemos en los religiosos y religiosas de todas las épocas, cada uno teniendo que enfrentar las más duras pruebas interiores características a este género de vida, y que sufriendo todo en el silencio de su recogimiento, sobre ellos se inclinaban los propios ángeles y atraían las bendiciones de Dios.
Por Jimcintosh
Y así, si recorriéramos toda la historia de la Santa Iglesia, desde su nacimiento hasta los días de hoy, nos encantaríamos con páginas de glorias inmortales vividas por ella, entretanto, cuántas páginas de dolor y sufrimiento… Querido lector, ¿esta no parece también un poco su historia? Es verdad que tenemos en nuestras vidas momentos de grandes alegrías, pero, cuántas aflicciones, dudas y dificultades. Delante de cada sufrimiento que nos deparamos a lo largo de nuestra vida, sepamos ver al final, la gloria que nos está reservada por Dios en el Cielo, si sabemos con serenidad, paciencia y confianza, llevar la cruz de todos los días.
Y al contemplar las grandezas y esplendores de la Santa Iglesia, aprendamos a mirar en el fondo la raíz de esta gloria que nació principalmente de la Sangre Preciosísima de Nuestro Señor Jesucristo, de las lágrimas de María Santísima, y también del dolor y el sufrimiento de un número incontable de almas generosas que supieron atender a la invitación de Nuestro Señor: “Quien quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8, 34).