¡Feliz y Santa Navidad!

Toda la Tierra fue renovada

¿Puede haber ser humano más frágil que un bebé, habitáculo más sencillo que una gruta o cuna más precaria que un pesebre? No obstante, el Niño que contemplamos acostado sobre pajas en el portal de Belén alteraría completamente el rumbo de los acontecimientos terrenos.

Afirma el historiador austríaco Juan Bautista Weiss: “Cristo es el centro de los tiempos. El mundo antiguo le esperó; el mundo moderno y todo el porvenir descansan sobre Él. La Redención de la humanidad por Cristo es la mayor hazaña de la Historia universal; su vida, la memoria más alta y bella que posee la humanidad; su doctrina, la medida con que se han de apreciar todas las cosas”.4

Qué difícil es, en un mundo marcado por el relativismo y por el laicismo —cuando no por el ateísmo—, tener muy presente el verdadero significado de la Santa Navidad y el beneficio inconmensurable que representó para los hombres la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Cristo era el varón que había sido prometido a Adán inmediatamente después de su caída, el Mesías anunciado durante siglos por los profetas. Pero la realidad transcendió sobre cualquier imaginación humana: ¿Quién podría haber pensado que Él sería el propio Dios encarnado? La venida de Jesús al mundo no solamente nos abrió las puertas del Cielo y nos trajo la Salvación, sino que también renovó toda la Tierra. Dice Santo Tomás que el Señor quiso ser bautizado, entre otras razones, para santificar las aguas. 5 Y lo mismo ocurrió con todos los otros elementos: la tierra fue santificada por que sus divinos pies la pisaron: el aire, porque Él lo respiró; el fuego ardió con más vigor y pureza. Podemos decir, sin duda, que este nuestro mundo nunca más fue el mismo después de haber vivido, como hombre, el propio Creador.

No es por casualidad que se cuentan los años a partir del nacimiento de Cristo, pues Él, realmente, divide la Historia en dos vertientes. Antes de Él la humanidad era una y después pasó a ser completamente otra. Son dos historias. ¡Podríamos casi afirmar que son dos universos distintos!

 

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